“Las personas no se dan cuenta de lo lindo que es escuchar porque nunca lo perdieron”.

Cuando se enfrenta a las adversidades cara a cara, pese a no ser un reto sencillo, puede uno mismo descubrirse y fortalecerse para cumplir e, incluso, superar sus objetivos. A los seis años perdió su audición y le fue difícil aceptarlo, pero una vez que asumió su discapacidad, ésta se volvió un combustible para lograr sus metas. “Al principio lo sufrí, después lo empecé a tomar con gracia, a mí me pasa esto, mi mejor amigo está en silla de ruedas y no puede caminar, ¿de qué me voy a quejar?”. En ese momento encontró lo que él mismo denomina como el poder oculto de los discapacitados: “Es poder potenciar y descubrir cosas que cualquier persona no se da cuenta que las tiene”.

El básquet no es lo principal en la vida de Juan Aude. No lo ama, pone otras cosas por delante, pero es su cable a tierra y, de a poco, va descubriendo qué es lo que le apasiona de la naranja. “Me voy a retirar en Atenas a los 40, no porque me encante jugar, sino porque quiero transmitir un poco de experiencia y valores que aprendí con los años a los pibes”. Ahora, en su casa, se lo ve relajado, se recibió de Ingeniero Industrial hace tan solo un mes. En una soleada tarde de abril, da clases de particular a sus alumnos, mientras cuenta anécdotas, ceba mate, recuerda la medalla de plata en Maryland con Los Topos y rememora su vida en una hora.

“A los seis fui perdiendo la audición y perdí hasta el 98% de las dos orejas. Por suerte aprendí a hablar antes, tengo que agradecer porque la hipoacusia te permite oír, por eso digo gracias, relata Juan Aude. Con una alegría en su rostro que contagia, estirando los brazos y cerrando los ojos, asegura cuánto le gusta poder levantarse, poner música y escuchar cada nota por las mañanas cuando se pone los audífonos. “Las personas no se dan cuenta de lo lindo que es eso porque n13754092_1035267263230728_6313173266708708788_nunca lo perdieron”, expresa.

Siendo un niño de seis años le fue difícil entender qué eera lo que estaba sucediendo, por lo que aquellos primeros tiempos fueron muy duros para Aude: “Yo era flaco, alto, mi viejo me pelaba y tenía como dos antenas de wifi con los audífonos, me decían de todo, yo iba de gorro al colegio, eso me hizo muy introvertido. Quería estar solo”. Aún no descubre cuál es el momento en el que comenzó el proceso de aceptación, pero tiene en claro que “se me fue abriendo la cabeza, lo asumí, a mí me tocó esto, hay otros que no ven, otros no caminan, no me podía quejar”.

En ese entonces, a los 10 años, Aude tenía un amigo del colegio que jugaba al básquet y, con el antecedente de su tío que también fue basquetbolista, los caminos entre la naranja y Juan no tardaron en cruzarse. “Yo era enorme, medía 1,70 metro pero era muy tosco y mi viejo me mandó a hacer destreza para mejorar”. Los primeros contactos con la pelota fueron dificultosos pero estos ejercicios lo ayudaron a crecer en la disciplina. Afirma que siempre que se propone un objetivo, lucha para cumplirlo sin que nada se interponga. Así, pasó en tan solo cuatro meses a Mini A, donde competía con chicos tres años mayores.

Su nivel basquetbolístico creció hasta que llegó a formar parte del plantel de Gimnasia para disputar el Torneo Nacional de Ascenso. De esta manera, con su discapacidad y sus buenas habilidades en la práctica, era cuestión de tiempo para que un nuevo protagonista apareciera en su historia: Los Topos. En el 2011, recibió la visita en un partido del Griego frente a la UNLP, del Jefe de Deportes de Sordos, que le preguntó si quería probarse en la Selección Argentina de Sordos. ¿Que si quiero probar?, ‘vamos yaa’, fue su respuesta.

“Fui a Córdoba y me encontré con 25 pibes. Algunos no sabían picar la pelota, no había organización, no había entrenador, eran chicos sordos que se juntaban a jugara, detalla Aude sobre su primera impresión de la Selección Argentina. Al ver aquella convocatoria, sintió la obligación de cambiarlo. Allí se encontró con jugadores que aún hoy continúan, como Diego Galanti, actual capitán, Facundo Herrero, Bruno Beros, Santiago Arrascaeta, entre otros. “No podía entender que tuviéramos una camiseta argentina y fuéramos ese desastre”, se sincera.

Empecinado como se autodescribe, emprendió la reconstrucción. Con los jugadores mencionados anteriormente siguiéndolo en sus iniciativas, Aude presionó a los dirigentes y les comenzó a exigir cosas fundamentales que una selección debe tener, como un entrenador. “Mi papel fue más de pelear con los dirigentes, mientras que los chicos eran unos fenómenos a la hora de vender rifas y hacer actividades para recaudar fondos”, narra.

Poco a poco Los Topos comenzaban a engranar y tomaban forma de selección. Se consiguió un entrenador, recibieron camisetas usadas por la CABB y las experiencias internacionales fueron haciéndose realidad. Aún así su papel no era bien visto, era un jugador que hacía las veces de dirigente y, además, ” a mí no me tomaban como un sordo, me costó encajar bien y presioné mucho”, resume el entonces capitán de Los Topos. En ese momento su objetivo, como el de sus compañeros, era sacar a los sordos de la calle, ser un ejemplo, una inspiración para que otras personas con su discapacidad pudieran ver que era posible llegar a hacer cosas importantes con esfuerzo y dedicación. 13438928_10154333273721202_8012492936108209964_n

Mientras luchaba con la albiceleste, estudió un año de Informática, se cambió a Ingeniería Electrónica, con cuatro años metidos, se arrepintió y pasó a Ingeniería Industrial. Al mismo tiempo trabajó en distintos proyectos personales y dio clases particulares y en la Facultad de La Plata. Juan Aude explica cómo fue su proceso de estudios y las dificultades: “En la universidad me la rebusqué para escuchar como podía, iba adelante o me juntaba con alguien para preguntarle”.

16938786_10155063968901202_7778487288228030756_nFacultad, trabajo y deporte son un tridente difícil de llevar y así los especifica Aude: “Para mi era genial, dar clase es lo que me gusta, entonces no era una presión, y estudiar también me gusta, lo único que era una presión era ir a entrenar y competir con todos sus condimentos, pero sabia que tenía que ir porque me hacía bien, me oxigenaba pese a los contratiempos”.

Pero tanto esfuerzo y desgaste dieron sus frutos. En Los Topos, vio concluidos sus pesares en la medalla de plata conseguida en el Preolímpico de Maryland 2016 cayendo en la final contra Estados Unidos. “Fue increíble, una sensación impresionante, mi objetivo era llevar a la Argentina a lo más alto que pudiera, a ser el segundo mejor de América y lo logramos, no quería otra cosa y sentí que era hora de dar un paso al costado”, apunta Aude.

Por su parte, en la facultad, luego de dos cambios de carreras y horas de estudio combinadas con trabajo, en febrero de 2017, a los 27 años, se recibió de Ingeniero Industrial. En ese momento, con las dos cosas que más lo influyeron culminadas, esto fue lo que se le pasó por la cabeza: “Iba a tener mi tiempo, iba a poder decidir mis horarios y hacer cosas que antes no podía o no quería por esos compromisos”.

El panorama de Juan Aude ha cambiado. Luego de cumplir dos de sus principales objetivos, su forma de encarar la vida y, en especial, al básquet, dieron un giro rotundo. Luego de estar un año enemistado con la naranja, volvió Atenas, para cumplir un nuevo rol. Cuando se lo escucha hablar de esta tarea se motiva, se siente atraído. “Me llamó Oscar y me dijo: ‘no te quiero para que seas el principal metedor de puntos, vas a venir para hacer a los pibes”, contó el pivote del Griego.

Siempre bajo una misma filosofía, diciendo lo que piensa sin importarle lo que los demás piensen. Con el termo a su lado y su estudiante de particular, que ya no hace los ejercicios observándolo, declara que es para él ese poder oculto que los discapacitados poseen: “es entender que, al estar limitado con una cosa, hay que potenciar otras, yo estoy limitado con la escucha, potencio la vista y huelo mucho, ese es el poder, poder sentir algo que muchos no se dan cuenta que lo tienen”.