Una vida junto al básquet: Jerónimo Ferreira

“Mi madre fue la que me alentó a jugar”

En la tierra de la samba y de las playas eternas, más precisamente en Florianópolis, nació Jerónimo Ferreira. En un hogar resguardado por una familia muy unida y por sobre todas las cosas, una madre que fue la que lo acompañó durante su camino junto al básquet, un lindo sendero con pasajes de rosas y de espinas.

El brasileño posee una altura sobresaliente que no deja dudas que la zona pintada es su hábitat dentro de la cancha. Gracias a la naranja se dio el gusto de conocer Estados Unidos, España, Argentina y alcanzar a deslumbrar los rincones de su país. Pero fundamentalmente lo que más le aportó fue el vuelco a su personalidad, aquella que era tímida y que ahora se volvió “más madura y más aguerrida”

Jerónimo, era un buen chico que, como muchos, se pasaba gran parte del tiempo en la computadora. La madre, esa persona que junto a su hermana es el combustible en su vida, lo alentaron para que conozca a algún deporte y salga de esa zona de confort. Por su altura colosal, no había muchas opciones, eligió el básquet. “A los 13 años empecé a desarrollar mis primeros pasos en el básquet, ya para ese momento medía dos metros, una medida desproporcionada para la edad que tenía por aquel entonces”. Era el homenaje a la inmensidad del cristo redentor, la viva imagen de su tierra natal.

Ferreira, era un gigante que solo perduro tres años en el básquet de su país, ya que con 16 años le llegó la oportunidad de emigrar a Europa, más precisamente al equipo de Zaragoza de España. El cambio más grande de su vida, llego gracias al impulso de su representante que gestionó el pase. Este suceso le hizo conocer técnicas importantes para desarrollar su trabajo de pívot y también forjar una mentalidad especial dispuesta a crecer en otra cultura muy diferente a la acostumbrada.

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Esa chance que le llegó en la adolescencia fue un pasaje de su carrera que le dejó una historia hermosa como la mismísima playa de Ipanema. Siendo tan joven ya vivía en otro continente, con todo lo que eso significa tanto bueno como malo. “La adaptación fue buena gracias a mi ayudante que estaba en todo lo que necesitaba y los compañeros que me iban a visitar continuamente al hotel para que no pase mucho tiempo solo” remarca con cierta nostalgia por aquellos tiempos vividos en el viejo continente.

En cuanto al juego no duda y expresa ” Me gustó mucho más que en Brasil, ya que, el pívot tiene mucha más incidencia, no es solo pick y tiros al aro. Sino más bien, hay más juego colectivo y la pelota llega más a abajo de la pintura”, un método fundamental para alcanzar ese protagonismo que le hiciera feliz dentro de una cancha.

Además, él tuvo que darle más variantes a su juego.  “Al principio me quedaba muy puto porque no me salían las cosas” dice Jerónimo como un argento más, que conoce a la perfección nuestro idioma tan particular. Allá tenía a un entrenador llamado Alberto Burgo, que era muy exigente, a tal punto, de calcular los botes que debía hacer la pelota o mirar las estadísticas de los árbitros. “En el comienzo pensé que estaba loco, pero con el correr de los días me di cuenta que fue el que más me enseñó” concluyó.

Y con respecto al idioma contó que rápidamente pudo entenderlo, y pese a no hablarlo con fluidez, con el pasar del tiempo pudo comprenderlo prácticamente en su totalidad para que sus palabras en el recinto del club Gimnasia sean entendidas claramente. A pesar de que recuerda con gracia solo haber ido a una clase de enseñanza antes de partir de su país.

En Zaragoza descubrió la primera puerta del profesionalismo, “¡Cuánto Dinero! “exclamó como si el tiempo no pasará y sería ese joven que abrió los ojos grandes ante la ocasión de tener su propio dinero. Esa puerta que se abrió a base de mucho entrenamiento como bien dice él. “Me gusta mucho entrenar, en España fue donde más trabajamos y donde me dejó el legado de la práctica constante”

Pero siempre la vida te presenta obstáculos que no dejan que fluya en permanente ascenso. No todo en su trayectoria como profesional se asemejó a ese viaje paradisíaco que se emprende en el teleférico rumbo al Pan de azúcar, un icono de Río de Janeiro. Una grave lesión en sus rodillas, un arma clave en un titán de la pintura, lo dejó sin jugar por 6 meses y con el dictamen de varios médicos de que nunca iba a poder a volver a jugar.jero 2

Pero volvió a su patria y en su peor momento apareció su madre, aquella que Ferreira se desvive en elogios. “Con mi madre hablamos siempre, aunque sea dos minutos, una manera de no perder el sentido de la familia”. Y sí, como sus palabras lo reflejan, la madre para él es suma importancia, aquella que lo alentó a jugar al básquet y años más tarde lo volvió a animar para que no deje el lugar donde es más feliz, a pesar del lecho de espinas.

“Mi sueño es jugar la ACB, la liga que siempre miré por TV y la que veo con buenos ojos ahora que tengo el pasaporte, pero sé que antes de eso debo dar muchos pasos antes. Me imagino antes de jugar allá realizar una experiencia en la liga nacional”. No le tiembla el pulso en declarar sus sueños, pero sabe que es necesario estar bien preparado para encaminar nuevos horizontes. Para ver el Cristo redentor hay que sobrepasar el Cerro del Corcovado, para emigrar primero hay que afianzarse en nuestro país.

“En Gimnasia me siento como en casa, es una gran familia el club”, no deja dudas que el Victor Nethol y la ciudad le vuelca el mismo calor fraternal que su casa en Florianópolis. También sobran las palabras para describir las sensaciones que tiene cuando mira la tribuna colmada y el especial trato con los hinchas más chicos, “Antes de arrancar el partido siempre me dicen que haga algún mate, que le encanta eso de mi o en la calle, muchas veces nos ponemos a hablar de Gimnasia con algunos de los hinchas que quieren que conozca anécdotas de ellos con el club”.

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Fuente: Gimnasia oficial

Descubrió que la ciudad se divide en dos. Gimnasia o Estudiantes. Rojo y blanco o Azul y blanco. Y él lo sabe bien: “Antes de ir al estadio me fijo bien si no llevo nada puesto rojo y hasta le dije a mi madre que estaba loca cuando en la navidad me quiso obsequiar unas zapatillas rojas”, y suelta una risa incrédula por una pasión loca que solo se vive en nuestro país.

Ese sentimiento de pasión que él lo muestra día a día. Adentro de la cancha y afuera. Un hombre obsesivo por mirar vídeos de sus rivales, conocerlos como si fuesen sus compañeros para tratar de mejorar todos los días aunque “hay veces que duele ver los errores propios pero sí lo hace los jugadores de la NBA hay que hacerlo”.

Las críticas y la seriedad se hacen notar cuando habla sobre el presente del básquet de su país. No entiende las pocas posibilidades que se le dan a los jóvenes de su país, donde manifiesta que hay un gran potencial pero que no es aprovechado como debería ser. Con el nuevo contrato con la NBA sueña con que se pueda revertir este mal momento, porque como dice él “Bruno Caboco pasó de Brasil a la NBA en un solo paso, y en mi país era mirado como un jugador más”

Así es la vida de Jerónimo Ferreira, un basquetbolista que nació en Brasil, vivió en España y desembarcó en Gimnasia para buscar la gloria. Esta temporada se acostumbró a esas diagonales tan extrañas para él,pero que, ya forman parte de su segunda casa.  Esa que lo hace sentir como aquella, donde duerme su madre, la protagonista de que la vida de Jero sea junto al básquet.

Bruno Celiberti

Bruno Celiberti

Periodista
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